El Huésped


 

Una enfermedad mental creo que pasa de “enfermedad” a “estado” en ese momento en que la madurez te da el control suficiente para identificar quién es la bestia y quién el domador.

Es justo ese mismo momento en el que muchos se atreven a mirar hacia adentro “a ver” si yo tuviese ‘algo’.

Ya no hace falta hacerse una analítica de sangre (como sucede en los males físicos). En esos casos es inevitable…pero en estos no.

La enfermedad mental toma el control por el desconocimiento del huésped. El huésped entra en connivencia con el virus sin saberlo… El huésped poco atento…

Sobre esto hay miles de libros y no es la idea de este texto. El análisis de hoy se basa en ‘esos’ otros.

Los que ‘lo saben’ o los que ‘lo sospechan’.

¿Quiénes?...bueno…

....ellos lo saben… 

Y es un hallazgo en varias fases. En cada una de ellas puedes elegir pedir ayuda…buscar ayuda…gritar ¡AYUDA!.

Pero el que es un huésped atento…no quiere ayuda. Quiere averiguar y, en su caso, resolver.

Y aquí llegamos al centro de este texto. ‘Resolver’ un estado mental digamos…’atípico’.

Todo esto no está muy definido, así que me apoyo en uno de mis clásicos favoritos, una película que vi con 23 años y me hizo empezar a analizar por qué el protagonista me hacía sentir bien.

Nuestro querido “Mr. Jones”.

Película que para el huésped poco atento es una “pastelada” pero…para el huésped que paga alquiler. El huésped que camina por el pasillo que distribuye las cárceles mentales del prójimo, solo buscando entrar en la suya mientras, con la cabeza baja, cuenta las losetas del suelo y percibe los cambios de mugre en las juntas…

Ese huésped ve “Mr. Jones” de otra forma.

Es muy sencillo entenderlo. En un momento dice “Necesito mis subidas”…

 

Solo el concepto subidas implica el conocimiento de bajadas.

Llegamos a un final de relato que tal vez da algo de miedo.

Las fases de auto escucha son el primer acto de valentía.

No hacerlo no es que sea malo…es de cobarde, que tampoco es malo.

Los cobardes siempre viven para escribir la historia. Son los que reflejan según su óptica cobarde, lo que fuimos otros.

Los adoramos.

Los que deciden escucharse y descubren CACA (lo siento…siempre es caca), ya eligen su propia aventura, incluido crear una saga de libros.

Por último, los que deciden controlar su equilibrio entre subidas y bajadas…jugando siempre entre ambas…

A los que crean su ecosistema con su propia cadena trófica, siendo ellos mismos, ni mucho menos, el máximo depredador. Os digo...

Buscad un huésped…siempre hay uno.

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