Clones - Del 'baby' al smoking
Resulta francamente difícil vivir día a día con uno mismo. Pasamos por una infinidad de estados mentales que ni siquiera comunicamos al resto simplemente porque llevaría más tiempo explicarlos que la duración de los mismos. Entre esta variopinta selección de realidades deformadas por nuestros sentimientos, intentamos encontrar algún sentido a nuestra existencia sobre el planeta. En ocasiones es fácilotras no.
Afortunadamente, por si alguno de nosotros consigue hacer algún progreso, se nos desorienta desde jóvenes con débiles excusas para mezclarnos con el resto de los seres humanos. Supongo que resulta más fácil contener la inherente ansia de libertad del Homo Sapiens si se le muestra desde un principio que no es diferente a los demás. De aquí partimos entonces a nuestro viaje a través de las indumentarias colectivas, método óptimo para lograr que nos sintamos tan diminutos como prescindibles.
Nuestra primera enseñanza la recibimos a muy tierna edad, cuando vamos a lo que antiguamente era 'pre escolar'. Nuestras madres nos visten con el archiconocido 'baby' (que en mi vida he visto una prenda tan parecida a la de los presidiarios) con la excusa de que así nos identifican pues llevamos bordadas las iniciales en un lado del pecho. Que digo yo, ¿no es más fácil identificar al niño por la cara?, a lo peor la confusión puede llevar a confundirle con su hermano, que al fin y al cabo es un familiar, pero como coincidan dos niños con las mismas iniciales puede acabar Carlitos en la familia de Pedrito y viceversa, esto sin imaginar que sean de diferente sexo, es que ya me da el repelús.
Crecemos y llegamos al colegio. Los desgraciados a los que les toca un colegio privado siguen sufriendo este control del aspecto con los odiados uniformes. En este caso el motivo es otro. Debemos llevar uniforme porque...porque sí. No sirve para nada positivo. Son caros, se ensucian de un día para otro, lo cual obliga a tener varios juegos, resultando más caro aún. Incluso con varios juegos se acaba repitiendo modelo, con la consiguiente falta de higiene y acumulación de 'medallas' y 'churretes' por todas las zonas. Consecuencia, los niños de colegio privado acaban teniendo peor aspecto que los de colegio público, pero van todos igual de asquerosos. Está claro que el uniforme dignifica.
El claro ejemplo de que el veneno está haciendo efecto en nuestra mente llega en el instituto. Por fin conseguimos zafarnos del hastío del uniforme y empezamos a escoger nuestro propio aspecto ¡bien! y ¿qué conseguimos?, acabar vistiéndonos como nuestras mejores amigas o como nuestro grupo de colegas porque la edad del pavo es así y además es 'guay' ir como tus 'compis'. Es decir, estás más que perdido para la causa. Te han enseñado que no eres especial, te han obligado a diluirte entre el resto de los mortales y, lo que es peor, te ha gustado y ahora lo necesitas.
Tu vida avanza y por fin eres un ser productivo, has conseguido trabajo y empiezas a pagar tu deuda con la sociedad, a devolver todos esos lujos de los que has disfrutado siendo una pequeña unidad parásita de la respetable y alabada máquina social. Paralelamente ganamos prestigio que, curiosamente, va ligado directamente a lo igual que sea nuestro traje al de los demás desgraciados que vemos día a día por la calle, en la oficina, en una reunión, comiendo o en la cola del pan. Todo intento de desviar nuestro aspecto de lo que acabamos de describir se recibirá como una falta de éxito en la vida y se nos irá expulsando poco a poco del abrigo de las masas. ¿Tan malo es ser un recuerdo viviente de que nacimos libres?, ¿tan malo es reivindicar que podemos ser diferentes?, y ¿tan malo es buscar nuestra identidad fuera de la definida por Armani o Caramelo?. Debe serlo, pues la condena que se sufre es tan amarga como eterna.
El colmo llega en nuestro último aliento. Nos visten como a todos los anteriores, nos meten en una caja como a nuestros infinitos predecesores, y nos olvidan bajo tierra rodeado de pequeñas almas desencantadas de la existencia como nosotros.
Sinceramente, aún estamos a tiempo de reivindicar nuestra identidad. Estamos a tiempo de cambiar las cosas, de sembrar la semilla que en un futuro hará que la humanidad vuelva a las mentes de los humanos. Estamos a tiempo HOY de empezar a intentar que los demás vistan como nosotros, y no nosotros como ellos, que ni siquiera saben por que visten así.
Estamos a tiempo de apretar los dientes y pisar la alambrada.
Estamos a tiempo de empezar a vivir



Yo solo quería argumentar en defensa del odiado uniforme. Yo desde luego no tengo crisis de identidad ni me ha supuesto un trauma ni nada parecido llevar uniforme en el cole hasta los 17 años. Es más, lo prefería. No es más caro. Tienes un par de uniformes y lo que cambias a diario son las camisas y demás. Eso sí,lo único que yo hubiera preferido es que fuera de pantalon y no de falda. Para trabajar pues llevo bata si, y muy contenta!Mucho más higiénico para estar en contacto con un paciente, por supuesto.
ResponderEliminarAdemás el uniforme se puede hacer incluso personal; sino mira la cantidad de looks distintos que crean las niñas con peinados, jerseys, largos diferentes, zapatos, medias/calcetines, abrigos...
En definitiva aunque pueda estar de acuerdo con otras partes del artículo,no creo que viva menos, ni me exprese menos, ni carezco de identidad por llevar uniforme estudiando ni en el trabajo.
LLega tarde mi comentario pero llega! Un besito
Acabo de ver este aporte, por cierto valiente y directo.
ResponderEliminarEspero que, tras este tiempo sigas con vida.
Dicho lo cual, solo una reflexión sobre tu "necesidad" de llevar bata en el trabajo...¿La llevas blanca como todos los demás compañeros?
Saludos y perdona por el dardo.