Inercia Ciega - Boga de ataque
Hoy me he levantado y he sentido la misma pereza que todos los días. El mismo rechazo a comenzar el día a tan tempranas horas y el mismo sentimiento vacío de cada mañana. He realizado todas las tareas que suelo realizar cada amanecer antes de salir al único mundo que podemos escoger tras la puerta. He respirado el mismo aire enrarecido al pisar la calle. Pero algo ha sido diferente, algo en mi cabeza me ha lanzado una pregunta como un dardo emplumado desde la jungla, a traición. ¿Por qué hago esto cada día?... la respuesta es bien sencilla, por lo que lo hago y lo que obtengo cada mañana es poder conservar mi trabajo, es decir, el maldito dinero.
No es extraño, hace unos años que vengo observando cómo se acercaba este momento, y cómo seguía andando hacia él sin que nadie me empujase a ello. No era necesario, ya me habían lanzado sin compasión hacía años y ahora era la inercia la que me impedía frenar y cambiar de rumbo.
Desde pequeños se nos inculca que dormir demasiado es malo, que es perder el tiempo y que hay que estudiar para 'ser algo en la vida'. Por tanto nos enseñan y nos adoctrinan para abrazar la cultura del madrugón y, por supuesto, adoptar obligaciones. Es por ese motivo por el que vamos al colegio y más tarde al instituto. Realmente no sabes por qué vas a estudiar, pero como buen zombie te han enseñado la respuesta adecuada para no pensar mucho, 'si no estudias no serás nada en la vida'. Bonito engaño, no seremos nada hagamos lo que hagamos, seremos un salario mensual y lo que ese salario nos permita tener, comer, sentir y creer. Incluso la gran mayoría de estudiantes universitarios no saben qué hacen estudiando una carrera, la respuesta casi unánime suele ser 'estudio para conseguir trabajo'.
Este es el punto interesante del razonamiento. Vivimos nuestra infancia y adolescencia enfocados a conseguir un trabajo, a ser alguien de provecho el día de mañana, pero...¿hasta qué punto es necesario un trabajo?. Estoy convencido de que un trabajo es imprescindible para cubrir las necesidades básicas de supervivencia. No hablo de ceñirnos simplemente a comer y dormir, sino disfrutar de alguna que otra facilidad y calidad de vida propia de la civilización. Sin embargo el proyecto que tiene la sociedad previsto para nosotros no se queda ahí en absoluto. La inercia empieza a hacer su efecto y comenzamos a desear cosas que no podemos comprar. Con algo de turbación por este frustrante sentimiento nos disponemos a renunciar a nuestros deseos, cuando comprobamos que la máquina capital tiene previsto un magnifico servicio para nosotros que nos da la oportunidad de materializar nuestros desvaríos, los plazos. Después de los plazos vienen los créditos y después de los créditos los préstamos, hipotecas, rentings, promociones, etc, etc, etc.
'Estoy harto de mi jefe' oímos de un amigo, 'menuda mierda de trabajo'. Esto son comentarios que todos oímos cada día. ¡Qué situación tan absurda!, ¡qué infelicidad con tan poco sentido!, ¿por qué no se marcha esta persona de su trabajo si tan infeliz es?... simplemente sigue aguantando por el maldito y asqueroso dinero. Hemos caído en la trampa tan perfectamente tejida para nosotros, hemos adquirido derechos sobre bienes que no podemos permitirnos, y para poder gozar de ellos hemos vendido lo más precioso que tenemos, nuestra libertad. Se nos ha empujado desde tan jóvenes a esta situación que casi ni nos percatamos de ella. Creemos que el fruto de nuestras desgracias es nuestro jefe o nuestra hipoteca, pero somos nosotros mismos, engañados como niños, desde niños y lloriqueando como niños.
Cuando nos damos cuenta de esta situación nuestras prioridades cambian, se adaptan y creemos que luchamos contra ello...buscamos el ascenso...buscamos más dinero. Buscamos más dinero para abrir la trampa que tenemos entorno a nuestros tobillos, sin percatarnos de que lo que estamos haciendo es entrar más y más en la tela de araña que lleva años asfixiando insignificantes mosquitos como nosotros. El sistema es tan preciso y tan antiguo que hasta ha ideado un método para asegurar que jamás se agoten los pardillos que lo alimentan, enseñándoles a remar al son del tambor del euro desde que pisan el planeta. De nosotros solo se espera que el día de mañana seamos susceptibles de sometimiento, que seamos maleables y manejables, que seamos controlables.
Pensar es malo,
de pequeño no te dejan decidir,
de mayor decidir es no pensar.



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