Mentiras


Solo hace falta un rápido vistazo para darnos cuenta de que nuestra vida hoy es bastante más frenética que hace 10 o 15 años. Esto se debe a la inevitable aceleración que estamos sufriendo como ente social, y a que cada vez queremos hacer más cosas y el tiempo del que disponemos es el mismo, una vida.

Este cambio de ritmo está acompañado de muchas cosas buenas pero también de algunas malas. Últimamente vengo fijando mi atención sobre una de estas compañeras maliciosas en especial, que está convirtiendo al mundo en un lugar particularmente detestable. Las mentiras, los mentirosos, las falsas apariencias, las dobles versiones o como queráis llamarlo han proliferado tanto en los últimos años que puedo decir que el mundo tal cual lo conocía ha desaparecido por completo, y con él las referencias a las que agarrarse y las personas en las que apoyarse.

De pequeño yo mismo tenía una tendencia muy grande a mentir, a inventarme historias para salvar el pellejo o simplemente para contar una anécdota graciosa aunque no hubiese sucedido. Era una característica que llegó a tener visos de psicosis en mi mente, ya que era incapaz de dejar de hacerlo y además el refuerzo era tan positivo, daba tan buen resultado, que cada vez lo encontraba más necesario en mi día a día. De esa época recuerdo que era capaz de predecir el comportamiento de la gente, sabía qué cosas decir para conducir a una persona hacia una actitud u otra, y sabía de sobra cuándo alguien me estaba mintiendo. Era un mundo no muy sano pero que tenía controlado y en el cual me sentía seguro.

Cuando fui creciendo esto permaneció igual, pero algunos matices los iba abandonando por dejar paso a aspectos más intensos como los sentimientos. Decidí ser más honesto con mi entorno, admitir culpas cuando fuesen mías, hablar de mis sentimientos de forma abierta, fuesen buenos o malos, e iniciar así un proceso de cambio de una punta del barco a la otra. Durante un tiempo me fue bien, muchas preocupaciones desaparecieron, como el tener que recordar antes de quedar con alguien cuántas y cuáles habían sido mis mentiras para no contradecirme, sin embargo tras unos meses algo empezó a cambiar en el mundo, algo que se había estado acercando y ahora estaba aquí, había llegado.

Empecé a descubrir mentiras, mentiras que personas que apreciaba me habían contado, mentiras que cubrían otras mentiras, mentiras que una vez descubiertas se habían negado hasta lo irracional, mentiras de todo tipo a mi alrededor. Y es que el mundo ha cambiado, cierto es que mi forma de comportarme ante él también, pero el mundo ha dado su giro particular, y ahora demasiadas personas mienten, todo son egoísmos, cobardías y mentiras. Traiciones, puñaladas y manipulaciones a espaldas de otros, y de cara una sonrisa y un gesto de compromiso con tu causa. Todo falso, todo podrido y enturbiado por el propio interés, la venganza o la falta de valor o de valores en general.

Me entristece decir que hoy en día no soy capaz de fiarme de nadie, que cuando alguien parece que se interesa en mi algo me huele mal, que cuando yo me intereso en alguien y me hace caso y me jura que soy especial algo huele aun peor. Que aun descubriendo el amor verdadero la otra persona lo malvenderá por cualquier situación que le favorezca personal y unilateralmente. 'Todo es mugre, incluso el Louvre' y no nos deja margen para volver a apostar por los sentimientos, no están de moda y nos provocan más dolor que satisfacción. Precisamente esta situación social ha llegado porque hace 10 o 15 años existían personas como yo que se dedicaban a mentir y manipular a las personas, y esas personas han reaccionado en todo el mundo y se han contaminado de lo que hacíamos unos pocos.

Ahora algunos de esos pocos queremos que el mundo vuelva a ser como antes, queremos rebobinar y decir al mundo "Hey!, fui un capullo, y cuando el mundo era margaritas y días soleados yo era un demonio y me perdí toda su belleza, pero ahora lo se y quiero esa belleza a mi alrededor y sabré apreciarla", pero ya no hay vuelta atrás. Ahora el que no tiene colmillos y no sabe morder está perdido, ya no hay margaritas y el sol sale muy pocas veces, y unos pocos de aquellos seres dañinos de antaño seguimos mirando al cielo y sembramos flores donde está claro que no va a crecer nada, solo con la esperanza de poder sacar lo bueno de las personas que una vez nosotros mismos hicimos añicos sin importarnos las consecuencias.

Esta es la lección que la vida me da, la recojo y la guardo pues es justo que sea para mi. Lo que suceda de aquí en adelante nadie lo sabe.

Siguiré mirando al cielo.

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