Miopía mental
El tiempo, ese concepto para el que los ingleses tienen dos palabras diferentes y nosotros una, esa dimensión que nos rodea igual que las otras tres, que parece invisible y que para nada lo es, hace que se alejen los recuerdos y se emborronen.
Casi nunca somos conscientes del poder de este tiempo. Claro está que todos hemos dicho a alguien "Joer, estoy perdiendo facultades" o "¿Cómo es posible que te acuerdes de todo?", pero eso no es darse cuenta de su poder, eso es jugar, flirtear con sus consecuencias, frivolizar en cierto modo con aquello que no podemos controlar y que nos roba más de lo que vemos.
Una situación curiosa sucede cuando un día te da por desempolvar recuerdos, objetos que en un tiempo estuvieron relacionados con determinadas personas y que hemos guardado por motivos que hemos olvidado. Pueden ser fotos, vídeos, entradas de cine, anillos, colgantes, prendas de vestir, cartas o emails; personalmente me quedo con estos dos últimos. En las líneas que empiezas a leer recuerdas no solo a los demás sino a ti mismo y cómo era tu relación con ellos, lo que decías o dejabas de decir. Lees tus propias palabras con extrañeza, sabiendo que eres tu, que es tu estilo y tu forma de expresión, pero te chirria algo en la mente cuando de una forma casi inconsciente comparas cada frase con la situación actual, con esa distancia y ese alejamiento que ahora existe, esa situación completamente diferente a la que tienes reflejada delante de los ojos tan viva como si aun existiese.
Es apasionante cuánta vida puede contener una hoja de papel, que boca abajo no despierta excesivo interés, pero que por la otra cara es capaz de arrojarte una reflexión y hacer que todo lo que te rodea en ese momento desaparezca y tu mente se marche donde quiera que esas líneas la estén obligando ir.
Sigues leyendo y lees a los demás, te lees a ti de nuevo, ves que aquella gente te apreciaba, que tu los apreciabas a ellos...comparas y eres consciente de que ya no están y te preguntas 'Pero ¿qué pasó?' mientras sigues leyendo y buscando más recuerdos escritos entre todos tus enseres. Los buscas como si fuesen capítulos de un libro que te ha dejado a medias, que quieres saber cómo termina aunque sabes perfectamente cómo terminó, pero no quieres saberlo, quieres vivirlo, quieres tocarlo y notar que aunque sea el pasado aun lo puedes sentir, aun te puede arrancar sonrisas y despertarte añoranza.
Pasa el tiempo y los recuerdos se desdibujan, los detalles se desvanecen y queda el concepto de un recuerdo, sin perfilar, sin formas definidas ni matices concretos, solo una época de la que se sacó una conclusión y cuya conclusión ha pasado a ser el recuerdo, y el recuerdo ha pasado a ser una página en blanco donde escribir nuevas experiencias. Es cierto, nos da pena no acordarnos de todo tal y como sucedió, y cuando lo hacemos sentimos que queremos que vuelva esa época, que queremos sentir todo aquello y no dejar que se entierre bajo las agujas del reloj...pero sabemos que no es posible, y no porque no podamos volver atrás en el tiempo, sino porque recuperar aquella época y añadirla a nuestra vida implicaría dejar otra atrás que en algún momento recordaríamos al tropezar con una hoja de papel que nosotros mismos escribimos y que leeríamos con extrañeza.
Ojalá el tiempo no fuese una línea recta, ojalá nuestra mente fuese una red de arrastre que guardase todo aquello que pasa por nuestra vida y lo mantuviese fresco, ojalá determinadas personas nunca saliesen de esa red...pero no es posible, no está diseñada así nuestra existencia y no es ese el camino que tenemos que aprender a asimilar. No vemos bien de lejos, no podemos empeñarnos en distinguir figuras en la distancia porque no prestaríamos atención a lo que está a nuestro lado, nuestra vida actual, por la que debemos sentir y movernos, por la que debemos sufrir y dolernos. Es nuestra vida y no debemos perdérnosla mirando atrás pero sí tener presente que sin el paisaje de fondo no habría primer plano, habría un grotesco y recortado rostro, pero no una obra de arte tan compleja como es la vida que cada uno pintamos temblorosamente.
A todas aquellas personas que habéis estado conmigo en algún momento, que me habéis ayudado y me habéis acompañado, que habéis formado parte de mi vida y que me habéis regalado parte de la vuestra os quiero decir que no me olvido de vosotros y que, aunque el recuerdo se vuelva borroso y apenas os distinga en la distancia, nadie ocupará el lugar que tan honestamente os habéis ganado.
A esa persona en especial que me ha dado tanto a cambio de tan poco, que se sacrificó para hacerme ver el mundo del color que realmente es...a esa persona le prometo que nunca olvidaré ni uno solo de sus detalles ni una sola de sus miradas, nunca serás una conclusión en vez de un recuerdo.
Gracias



Comentarios
Publicar un comentario