El traspiés de Heráclito
Si algo podemos aprender de los presocráticos es la diversidad de explicaciones personales atribuibles a un mismo fenómeno o grupo de ellos.
Fueron tantas las mentes inquietas de la época hirviendo de necesidad de expresión, que nos legaron una valiosísima colección de reflexiones, muchas de ellas totalmente opuestas, acerca del mundo que nos rodea y de las implicaciones que cada uno consideró que tienen en esta nuestra vida material. Escribo en presente ya que no por ser personajes antiguos sus análisis tienen que serlo, de hecho se caería en un fatal error de considerar el fruto de sus pensamientos obsoletos, puesto que jamás estuvieron más en boga ni fueron más acertados.
Superpoblación, baby boom, multiplicación de masas, facilidades modernas...toda una serie de condiciones que nos vienen llevando a un cambio de entorno. Se supone que llevamos una vida más sana, tenemos más facilidades sanitarias, mejores alimentos, más seguridad y por tanto una esperanza de vida más larga. Esto, unido a una sensación de pseudo-bienestar imbuida por los medios en nuestras mentes, nos empuja a querer 'regalar' al mundo una nueva vida, y así poder jugar con la muñeca más sofisticada del mercado, la que come, llora y caga pero de verdad.
Todo esto lleva adosada una interesante consecuencia. Cada vez estamos rodeados de más gente, esto es evidente, lo que implica más conversaciones, más saludos y despedidas, más risas, llantos y en general más relación inter-especimen. Esto que a priori puede parecer positivo, no seré yo quien lo niegue, tiene una cara oscura francamente importante y me aventuro a decir que hasta magnética. En un momento determinado empiezas a darte cuenta de que las reuniones, trato o simples bromas conllevan situaciones repetitivas. Todo empieza a tomar un cariz predecible, un brillo añejo que te hace percibir una carencia de situaciones novedosas un poco angustiosa. Cuanto más te relacionas en este entorno lleno de posibilidades, más patrones encajan con otros patrones ya vividos, más charlas suenan a otras charlas y más caras empiezan a parecerse a otras ya vistas.
Llega un momento en el que te encuentras en medio de un mar de voces que llevan diciendo lo mismo 10 años. Se podría asegurar que prácticamente todas las conversaciones posibles las oiste en tus primeros 10 años de adolescencia y ahora solo quedan matices por agregar, que dentro de poco pasarán a ser insignificantes quiebros en la entonación y de ahí a la repetición total, monótona y absoluta.
Con semejante panorama y media vida aún por delante nuestro héroe del título decidió 'huir al monte aburrido de los hombres', decisión que no solo respeto sino que recomiendo a todos a los que lleguen estas líneas. Si embargo una gran revelación que estaba por llegar a su vida se quedó en el camino, ya que la dama negra de la guadaña le tocó en el hombro y le dijo -"Maestro, usted ya ha entendido de donde viene, deje que le indique dónde ir".
Lo que nos quedó por recibir desde el habitante de Éfeso permitidme que os lo transmita en forma de esperanza. Cierto es que llega un momento en que la monotonía, incluso rodeados de cientos de estímulos, inunda nuestros días y nos hace ver que pocas sorpresas nos esperan a la vuelta del siguiente amanecer. Cierto es que el patronaje de las mentes llega a exasperar nuestra ilusión y a mitigar nuestra fe en la raza. Pero una vez asimilada esta verdad, una vez comprendido nuestro entorno y sus capacidades, una vez que 'entendemos de donde venimos' estamos preparados para descubrir y, por supuesto, redefinir dónde queremos ir. El objetivo no es recibir estímulos innovadores cada día, no es sentir ilusión, ansias o sorpresa como un adolescente. El objetivo es empezar por fin a disfrutar de todo aquello que nos rodea, siendo conscientes de hasta donde podemos exigir y cuánto podemos recibir.
De esta forma sabremos que la vida está llena de grandes sensaciones y que ahora estamos preparados para disfrutarlas, sin confundir realidad con deseos. Así el día que notemos una mano sobre el hombro y un aliento gélido en la mejilla podremos ser los primeros en hablar y decir:
"Se dónde quiero ir...déjame un poco más"



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