Vagabundo

 


Vas con tu vehículo por la carretera…solo…como tantas veces.

Esta carretera casi la conoces palmo a palmo. Llevas mas de dos décadas recorriéndola con sol, lluvia, nieve, alegría, cansancio…

Es como el pijama que te pones por la noche exhausto para desplomarte en la cama.

No le prestas atención, pero te arropa. Tu carretera mil veces recorrida…te arropa. Es tu pijama de despierto y trabajando.

Esta carretera no es un trozo negro que pasa bajo tus pies. Se ha convertido en una respuesta.

Es más, se ha convertido en una motivación.

Porque esta carretera tiene desvíos a lugares placenteros. Esta carretera que me esclaviza tiene desvíos a lugares agradables, solo que….

La mayoría me los salto, porque he quedado con alguien y no llego a tiempo.

El conejo blanco.

Voy de vuelta, mañana voy de ida, luego vuelvo, volveré a ir en dos días…quemo kilómetros.

Recorro la carretera tantas veces que podría hacerlo dormido y aún así…no cojo desvíos.

A veces paro como rutina en “ese sitio” que me gusta y con eso me siento un explorador del amazonas. Siempre mirando el reloj…aunque haya un amanecer espectacular.

Vuelvo. Voy. Vuelvo…Voy…

No calibro opciones. Transito la existencia como un turista que se ha aburrido del viaje organizado y solo espera pasar los días para volver a su casa.

Esa casa no te va a gustar cuando vuelvas.

Porque no es casa.

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